CÓMO HEREDAR UN MANTO

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  • 24 octubre, 2018

1 Reyes 19:19-21 19 Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última.
Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto. 20 Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo:
Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo? 21 Y se volvió,
y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se
levantó y fue tras Elías, y le servía.

Un manto es una gloria, una majestad; es la manifestación física de la unción que cada hombre de Dios porta
internamente.

Los mantos son unciones o habilidades divinas para manifestar un nivel de gloria en quien lo porta. El
ministerio, por otra parte, es un llamado que implica una profesión de fe, y cada ministerio porta un manto.
Elías era un profeta con una poderosa unción, pero venía de Horeb el monte de Dios de estar escondido en una cueva.
Muchas personas, como Elías vienen huyendo de situaciones en las que no han podido desarrollar victorias.
Elías venía de una poderosa victoria al hacer descender fuego del cielo, pero se dejó intimidar por una amenaza de la
esposa de Acab, rey de Israel, Jezabel, quien había jurado cortarle la cabeza al profeta.

Cuando huimos, muchas veces terminamos encerrados en una cueva.

Dios tuvo que ir a sacar a Elías de la Cueva porque una palabra profética no se ata a nuestros problemas ni a nuestros temores. Una Palabra profética está atada
al propósito eterno de Dios y a su designio divino para nuestras vidas.

Cuando Dios te saca de la cueva, te revela el poder del manto que portas.

Dios le hace entender a Elías que él estaba sobredimensionado para vencer a sus enemigos, y para que el ministerio no muriera con él. Los mantos de Dios son
unciones que no deben perecer con quien los porta.

Lo más grande del ministerio de Elías no era hacer descender fuego del cielo, ni hacer cesar la lluvia por tres años,
sino soltar el poder del Manto sobre la gente.

El enemigo ataca tu asignación.

Por eso Elías estaba encerrado, porque estaba bajo una persecución.
El enemigo siempre querrá que usted pierda su asignación y que niegue a eficacia de su llamamiento, pero Dios te
entrega un manto de poder y autoridad, para trascender sobre toda situación y establecer Su Reino en la tierra.
Dios le dijo a Elías que ungiera a tres personas: A Hazael por rey de Siria, a Jehú por rey de Damasco y a Eliseo para que
lo sucediera como profeta en su lugar. Los hombres de Dios tenemos fecha de caducidad, pero los mantos no. Un
manto debe ser traspasado a una nueva generación de hijos que sean capaces de portarlo.
Un manto sirve para tres cosas: Para ungir a tu enemigo (Hazael) porque en el trayecto de tu ministerio, debes ungir
a tus enemigos para su derrota. Es la unción de fracaso que soltamos proféticamente sobre el enemigo.
Jeremías 1:19 Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.
Un manto también sirve para ungir a tus aliados (Jehú) porque son reyes que te van a servir en el ministerio. Los
enemigos y los aliados no hay que buscarlos. Ellos surgen y aparecen en cada circunstancia que usted es introducido,
porque en cada situación usted manifiesta un mayor nivel de Gloria.
Y tercero, un manto sirve para ungir a tu sucesor (Eliseo), que son hijos espirituales que heredarán el manto para
darle continuidad al propósito de Dios y hacer cosas mayores.

CLAVES DIVINAS PARA HEREDAR UN MANTO

Eliseo es hallado. Un hijo espiritual hay que buscarlo, hay que encontrarlo, hay que formarlo. Los Eliseos no vienen
solos, son gente que está esperando un Elías que les suelte un manto y los cubra. Eliseo no andaba tras Elías, sino que Elías buscó primero a Eliseo.

Los que portan mantos de autoridad son hombres de unción que marcan a otros y los arropan con el manto.

Pero luego, Eliseo anduvo tras Elías, porque nadie te seguirá hasta que haya sido tocado por el manto que portas.
Eliseo no conocía el poder del manto. Pero cuando Elías lo cubrió, le mostró un adelanto de lo que vendría sobre él.
Eliseo era el último. Quizá usted sea el último en la casa, el último entre la gente, el que no califica, pero el último de
la yunta fue el primero en encontrarse con el manto. No es necesario que usted sea el primero en este mundo, o que
importa es que sea el primero en recibir el manto.
Elías pasa delante y echa sobre él el manto. Eliseo sólo fue cubierto, tocado por el manto, pero no estaba listo para
heredarlo. Quizá usted no esté listo para heredar el manto, pero algo es seguro: Ya está muy viejo para seguir siendo el
último con la yunta.

¿QUÉ HIZO ELISEO CUANDO RECIBIÓ EL TOQUE DEL MANTO?

Eliseo desarrolló un sentido de Admiración por el manto. Desde ese momento se obsesionó con el manto. Usted
debe buscar el manto.

NO es idolatría por el hombre de Dios, es un celo por la primogenitura para heredar el manto.
Elías busca a Eliseo, pero no se queda esperándolo. Eliseo tuvo que correr a sacrificar, ir a despedirse, y a correr tras
Elías. Los mantos no esperan, ellos no reposan, los mantos siguen con los que los buscan. Busque el manto, mate sus
bueyes y reviente los yugos, pero siga el manto.

Eliseo Besó padre y madre. Despídase de sus viejas coberturas, despídase de sus sentimientos, de sus ligaduras
familiares. Bese a sus padres antiguos, pero abrace lo nuevo que Dios le está brindando.
Mató los bueyes y quemó el arado. La unción pudrirá el yugo. Eliseo dejó los bueyes. Si no hay sacrificio de los
bueyes, el manto nunca te tocó. Usted no puede heredar un manto si aún está pegado a su yunta de bueyes.
Suelta aquello de lo que dependes, mata tu sustento humano y abraza la promesa que se te ha soltado.
No importa la semilla que hayas puesto, Dios no deja a nadie sin cosecha.

UN MANTO TE HACE SERVIR PARA GANARLO COMO HERENCIA.

Sólo los que sirven al manto, heredan el manto.

Un manto se puede robar, como Acán que robó un manto del anatema, pero le resultó un manto babilónico que
trajo su muerte. Robar un manto es pretender usar un manto sin honrarlo, como los hijos de Esceva, quienes
echaban demonios en el nombre de Jesús a quien Pablo predicaba, y los demonios dijeron “sabemos quién es Jesús, y
a Pablo conocemos, mas ustedes ¿quiénes son?” …
Un manto se puede tocar, como la mujer del flujo de sangre, que tocó el manto, recibió el milagro, pero siguió en el
mismo camino, siendo sólo una mujer sana, pero sin trascendencia ministerial. Fue sanada pero no transformada.
Pero un manto se puede heredar, y la única manera de heredar un manto es por impartición por servir al manto.
Cuando servimos bajo una unción ajena, calificamos para heredarla como propia.

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