DEFIENDE TU CAMPO DE LENTEJAS

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  • 30 octubre, 2018

(R60) 2 Samuel 23:11-12 11 Después de éste fue Sama hijo de Age, ararita. Los filisteos se habían reunido en Lehi, donde había un
pequeño terreno lleno de lentejas, y el pueblo había huido delante de los filisteos. 12 Él entonces se paró en medio de aquel terreno
y lo defendió, y mató a los filisteos; y Jehová dio una gran victoria.

Cada vez que Dios levanta un mover sobrenatural y te entrega un sueño, una visión o un proyecto divino, siempre habrá enemigos de esa visión.

En la vida de David hubo momentos importantes que lo perfeccionaron para el llamado. David no vivía atado a las circunstancias de la vida, sino al propósito de Dios. El inicio de David fue lleno de dificultades.

Se dice que era un hijo fuera del matrimonio, que ni su padre ni sus hermanos creían en él. Él mismo
manifestó en el Salmo 51 que fue concebido en pecado.

Quizá usted también tuvo un nacimiento violento, pero Dios hará que, hasta los errores de tu comienzo, sean
restaurados por su Gloria. Usted no es un proyecto perdido de Dios.
David llega a ser rey, pero desde su comienzo, ese proceso no fue sin dificultades. David, cuando estaba huyendo de
Saúl, terminó escondiéndose en una cueva que estaba repleta de gente en dificultades, pero con ellos formó un ejército.
Estos guerreros era gente que estaba escondida en la cueva porque también estaban huyendo. Eran gente imperfecta
de la cual David formó un ejército de valientes.

El problema de mucha gente es que están buscando iglesias perfectas, pero no existen Dios es perfecto y está
perfeccionando una iglesia.

David formó gente imperfecta en valientes guerreros porque creyó en ellos. Somos imperfectos, pero somos la justicia de Dios.

Martín Lutero dijo “Cristo es mi pecado y yo soy su justicia”, porque en Cristo mis pecados fueron perdonados y condenó mis pecados en su cuerpo, y me impartió Su justicia..
El pecado está en nuestra carne, en nuestros miembros. No vamos a la iglesia para ser santos, nos reunimos como
iglesia porque fuimos justificados. Cristo se hizo pecado por nosotros, y el pecado ya fue condenado en Cristo, pero
eso no es licencia para pecar, porque cuando estamos en Cristo ya no deseamos vivir según la carne sino según Dios.
David formó 400 guerreros de gente que fue marcada y empoderada por él. Esta gente llegó a estar tan convencida, que
se dispusieron a entregar su vida a fin de defender lo que Dios les había entregado. Usted tiene que defender lo que
Dios le ha dado, porque todo lo que viene de Dios tiene un alto valor para nuestras vidas y para Su Reino.

Sama era un guerrero cuyo nombre significa “El que oye”, hijo de Age, ararita, que significa “el trabajador”.

Somos hijos de una generación productiva, hemos recibido un legado que es producto del esfuerzo de alguien.
Tenemos una generación llena de valores, por eso, debemos cuidar de levantar una generación que no sea señalada ni
juzgada pero que sea productiva, que puedan defender lo que a su vez han recibido de parte de Dios.
Sama se levantó y vio el pequeño terreno de lentejas. Ese campo era la provisión que Dios les había entregado en medio
de aquella guerra, y él se levantó a defender con una espada el terreno contra los filisteos, que venían a atacar y a robar.
Lenteja representa toda respuesta de Dios a una necesidad humana. Hay tres terrenos de lentejas que debemos
defender, así como lo hizo Sama.

EL PRIMER CAMPO DE LENTEJAS: TUS SUEÑOS Y PROYECTOS.

Hay filisteos que vienen contra tu terreno de lentejas, es decir, contra tus proyectos. Debes luchar por los sueños y
proyectos que Dios te ha entregado.

Tus sueños son los diseños que Dios te ha entregado para que camines en ellos. Alguien quizá te está señalando, pero cada proyecto implica desafíos, y las crisis sacan al Cristo resucitado que mora dentro de ti. Una dificultad no debe ser la excusa para claudicar sino la razón para seguir adelante.
Cuando estás peleando el campo de lentejas de tus sueños, gente incorrecta te va a querer desviar, querrán hacer que
abortes, pero que adie le ponga agenda a tu vida, sino sólo Dios. Hay gente que, por un pequeño error, han renunciado a grandes proyectos.

Un error sólo te dice que eres humano y vulnerable. Un error te enseña que no debes depender de ti sino de Dios. Defiende tu provisión.

EL SEGUNDO CAMPO DE LENTEJAS: TU FAMILIA, TU HOGAR.

La familia ha sido atacada. El enemigo puede atacar tu casa, pero en tu casa debe haber unidad. Pueden atacar a tu
hijo, pero debe haber unidad. La unidad de tu casa siempre será tu mejor escudo.
Tu casa es tu campo de lentejas. En el hogar están tus mejores aliados. Está la gente que sabe cómo vives, y te
aman como eres. En el hogar debe haber un principio: Reprendemos en secreto, pero defendemos en público. En
lo secreto manejamos las debilidades, pero en público nos volvemos fieras salvajes para defender nuestra casa.
Nunca te confabules con nadie que quiera pelear contra tu casa. No dejes que nadie critique tu hogar ni tu familia.
No permita que nadie ataque aquello por lo que has luchado. Defiende lo que Dios te ha dado. Pelea por tu hogar,
por tu esposo, tus hijos.
No cuentes sus intimidades. Tus intimidades se resuelven en la casa. Nunca lo haga delante de la gente.
El hombre debe aprender a pensar como la mujer para entenderla, y la mujer como el hombre. Si no hay entendimiento
jamás podrá defenderlos. No permita que chismes contra tu casa vengan a crear divisiones
Defiende tu casa de ti mismo. Usted mismo tiene que cambiar. Ponga orden, normas, defienda su hogar con espada.
Espada es la Palabra, el ayuno, la oración. Usted debe defender a los hijos. Al marido, a la esposa.

EL TERCER CAMPO DE LENTEJAS: TU IGLESIA Y MINISTERIO.

Defiende tu iglesia, defiende tu asignación ministerial. Hay filisteos que atacan tu ministerio y tu iglesia. Siempre
habrá judas, gente sin arraigo, naves movidas por el viento, pero siempre defienda el territorio que Dios le ha dado.
Hay gente que se va de la iglesia por problemas de otros. No son capaces de defender lo propio. Nunca se mueva
por guerras ajenas que jamás le vayan a dejar botín ni recompensa.
En la iglesia de Cristo hay muchos mantos, es decir, unciones. Cuando tú no defiendes lo que Dios te ha dado,
mañana otro se comerá lo que no defiendes.
Tenemos que aprender a ungir a nuestros enemigos para el fracaso, pero también a ungir a tus aliados para
defender tu campo de lenteja. Dios levantará gente que va a orar por ti, que te van a cubrir, que te van a bendecir.
Pero hay que aprender a ungir a los hijos. Los hijos son los que reciben herencia.

Eres un sama. Debes defender lo que Dios te entregó.

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