El Espíritu Griego

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  • 27 julio, 2018

Hablaré del Espíritu Griego.

Esta es una palabra para cada uno de los pastores y líderes de este chat, con el objetivo de evidenciar algunos de los movimientos de los últimos tiempo de los cuales la Biblia nos habla.

Cuando comencé en el ministerio hace más de 30 años, descubrí en mis inicios el secreto de la intimidad y la oración.

Lo descubrí por imposición de mi pastor, quien prácticamente me obligaba a orar, pero era un hombre sencillo, que no tenía la revelación de algunos de ahora, los cuales dicen que ya no hay que orar, ni ayunar, que no hay que buscar intimidad, porque ya el esposo, el Señor, ha hecho todo, lo ha consumado todo, pero, sin embargo, esos mismos ministros tienen iglesias abiertas y siguen predicando, y tienen las mismas necesidades de todos los demás.

Por eso, es que dice la Escritura, que el Señor Jesús está perfeccionando a su iglesia, una iglesia llena de errores (y horrores, en muchos casos). Dios siempre usa los ministerios, ministerios genuinos para ir perfeccionando a los santos, para que éstos también hagan la obra del ministerio, porque aunque todo está consumado, seguimos siendo imperfectos y necesitamos ser perfeccionados por él, en el caminar de nuestras vidas.

Luego, conocí esa palabra de revelación de Cristo en mí, del Nuevo Pacto. Dios usó hombres para desafiarme que comenzaron a poner en mi espíritu ladrillo tras ladrillo. Pero, más adelante, comprendí que lo que estaba conociendo, no me daba el derecho a presumir que ya conocía a Dios. Entendí que jamás llegaremos a conocer a un Dios tan profundo y grande y tan enorme. El que cree tener la última revelación, realmente no tiene nada. Aún no ha descubierto la profundidad un Dios, que es soberano, sobrenatural, y a la vez, es sencillo, con un lenguaje sencillo.

Cuando conocí el Nuevo Pacto, cometí el grave error de concentrarme solamente en la proclamación, y abandoné la demostración.

Pero, cuando alcancé a entender que la proclamación y la evidencia del Cristo en mí, me habilitó para manifestarlo con dones, con milagros, con señales, entonces, entendí dos cosas: Una, que no puedo fundamentar una iglesia en señales solamente, porque las señales lo que evidencian es que no hemos llegado al lugar del conocimiento de Dios. Y la otra, que también tenía que hablar de la proclamación, de lo que es la esencia de la vida del cristiano, de lo sencillo. Entendí que tampoco podía yo fundamentar la iglesia sólo en la proclamación y decir que todo estaba consumado, porque entonces, había abandonado las dos cosas con las que la iglesia primitiva hizo: proclamación y demostración, oración desde la tierra y poder desde lo alto.

Sin embargo, eso da pie para que se levanten personas con espíritus griegos, que lo único que han estado atacando es el poder de la iglesia, la unción y la manifestación; y empiezan, como los escribas y fariseos de la época de Jesús, a rebuscar palabras sencillas hombres de Dios que están trascendiendo, para atacarlos con el pretexto de que por ser sencillos carecen de la revelación que a ellos les sobra. Me parece que lo que hay es un poco de celo, en el sentido de que, como no pueden crecer por haber estado predicando una palabra disecada, atacan a quienes están trascendiendo.

Es como tener un león disecado en la casa, que cuando alguien llega, luego sale corriendo, pero cuando se acerca un poco más, se da cuenta de que el león ha estado estático por años, mostrando dientes que no funcionan, bocas que no hacen nada y garras que jamás funcionarán; y ese es el problema de muchos hombres con espíritu griego, que lo que hacen es mostrar las garras y los dientes de una supuesta revelación en la que ya todo está hecho y no hay que hacer nada más, pero jamás para mostrar el verdadero poder y manifestar el poder del Espíritu Santo.

El mismo Pablo, decía a los Corintios que cuando llegó a ellos no llegó con excelencia de palabras, ni su predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder.

El espíritu griego que muchos tienen, les impide entrar en la búsqueda de la intimidad para moverse en la unción y en el poder del Espíritu Santo. Alegan, por ejemplo, que ya no se debe usar aceite; dicen, los legalistas de la gracia, “porque si ya yo tengo la realidad del Espíritu ¿para qué voy a usar entonces el símbolo del aceite?” Es como decir que ya no debería yo usar argolla de matrimonio, porque para que si ya estoy casado, no necesito ningún símbolo puesto en mi mano; pero, lo que no nos damos cuenta, es que esas son cosas sencillas, y no son cosas que trascienden como para ocuparse tanto en ellas.

A veces, le ponemos el ojo a la paja, a las tonterías que no nos dejan crecer, en lugar de sacar las vigas nuestras.

Es tiempo de volver otra vez a las fuentes de nuestros inicios, a la intimidad con el Espíritu Santo, a la búsqueda con Él, a entender que aunque es cierto que yo he sido justificado, santificado y que he sido redimido, también es cierto que tengo que morir a las obras de la carne, y que la gracia, la santidad y todo lo que Jesús ha hecho en mí, no es la licencia para yo estar viviendo una vida desordenada, ni tampoco me otorga el derecho de señalar algo que no se me revelado o a quienes yo juzgo, sin conocer, de carentes de revelación. Miremos con atención lo que el mismo Pablo dijo cuando se le subieron los humos de la revelación:

2 Corintios 12:7-9 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; 8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. 9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

El espíritu griego lo que hace es adormecer la verdadera esencia de la iglesia, una iglesia guerrera frente a un mundo que está plagado de demonios.

Es un espíritu que sume a las personas en verdades tan pero tan profundas, que terminan ahogándose en ellas. Entonces, amado pastor, si hablamos de que ya todo está consumado, ¿por qué no ir al brujo de la esquina y decirle: ¡óyeme, ya todo está consumado, cierre el consultorio!. Es eso, amado pastor, ¿por qué no ir entonces al Hospital y decirle a la gente que está enferma, que están equivocados, que ya no hay enfermedad, o que la enfermedad ya fue erradicada en el Nuevo Pacto? ¿Por qué no decirnos eso aun a nosotros mismos, que también hemos sido víctimas de la enfermedad? ¿Por qué no vamos y les decimos que ya todo está consumado?

No lo podemos hacer, porque aunque la obra en la cruz es una verdad sustancial e innegable, también hay un tema de guerra espiritual y de oración, y de una redención que aún no se ha completado mientras estemos en este cuerpo mortal que día a día se va desgastando hasta que seamos transformados en la resurrección.

Hay que luchar contra el espíritu griego que también se vuelve aliado de las tinieblas para impedir que la manifestación del Espíritu Santo de Dios llegue con dos cosas: Revelación y Poder. El espíritu griego seguía a Jesús, lo criticaba, lo juzgaba, pero nunca recibía un milagro de él.

Miremos esto con detenimiento, amados, y aprendamos con humildad lo que día a día el Señor nos muestra.
Apóstol Gustavo Alonso Páez

Miqueas 6:8 Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

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