Escapa, aunque sea sin capa

(R60) Mateo 5:38-48 38 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes,

a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica,

déjale también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al que te pida, dale; y al que

quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

 

El Señor nos enseña que hay tres áreas del carácter que necesitan ser transformadas por su Espíritu Santo, porque son

las Áreas de la Ofensa Humana: La Mejilla, La Túnica y la Carga. En este estudio, trataremos con el segundo de ellos.

EL ÁREA DE LA TÚNICA (LAS POSESIONES HUMANAS)

 

“y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; (5:40)”

La túnica mencionada (χιτών jitón) aquí era un tipo de ropa usada como prenda interior, y la capa (ι&μάτιον jimátion)

era una prenda exterior que también servía como cobija en la noche. La capa se usaba sobre la túnica. La mayoría de

personas de esa época poseía sólo una capa y probablemente una o dos túnicas.

 

Para los que oyeron de Jesús estas palabras, les resultaba una historia cotidiana.

El asunto se trata de alguien pudientea quien un hombre pobre le debe dinero. El deudor estaba sumergido en la pobreza y no podía pagar la deuda, pero

su acreedor lo estaba demandando ante una corte para cobrarle legalmente lo que le debía.

Jesús no está hablando de una situación en que una persona trata de robarle a usted la ropa, sino del reclamo

legítimo del que quiera ponerte a pleito. Cuando una persona no tenía dinero u otras posesiones para pagar, a

menudo el tribunal exigía que la multa o el juicio se pagaran con ropa. Pero, la Toráh decía lo siguiente:

(R60) Éxodo 22:25-27 25 Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como

logrero, ni le impondrás usura. 26 Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a la puesta del sol se lo devolverás. 27 Porque

sólo eso es su cubierta, es su vestido para cubrir su cuerpo. ¿En qué dormirá? Y cuando él clamare a mí, yo le oiré, porque soy

misericordioso.

 

(R60) Deuteronomio 24:12-13 12 Y si el hombre fuere pobre, no te acostarás reteniendo aún su prenda. 13 Sin falta le devolverás

la prenda cuando el sol se ponga, para que pueda dormir en su ropa, y te bendiga; y te será justicia delante de Jehová tu Dios.

 

¿Por qué Jesús los aconseja que también le dejen la capa?

Esto significaba que saldrían de la corte totalmente desnudos, lo cual sería una vergüenza, no para el endeudado, sino para el acreedor quien en una mano tendría la túnica y en la otra

la capa. Esta actitud le cambia todo al acreedor, quien ahora queda expuesto de haber quebrantado la ley.

El deudor no tenía esperanza de ganar el caso; la ley estaba totalmente a favor del acreedor. Pero, el hombre

pobre había trascendido la intención del acreedor de humillarlo. Con este acto el pobre estaba diciendo:

“¿Quieres mi túnica? No sólo te doy la túnica, sino, hasta, mi capa. Ahora lo tienes todo, pero no te pertenezco. No eres mi dueño ni soy

tu esclavo. No eres dueño de mi dignidad ni de mi provisión”.

El acreedor fue expuesto como un abusador de toda una clase social y no como un hombre justo.

Quizás por primera vez el acreedor vería lo que sus prácticas causaban y se arrepentiría. El oprimido aceptó la ley como estaba, pero no se

dejó intimidar por ella. Su acción reveló lo absurdo que era y los expuso por lo que eran; unos abusadores que

usaban la apariencia de la justicia para oprimir aún más a los que no estaban en el poder.

Por otra parte, hay una enseñanza acerca de nuestras pertenencias. Un creyente no debe estar endeudado. La deuda nos

ata a aquel a quien le debemos. La deuda es una maldición que convierte al deudor en siervo de aquel quien le presta.

Proverbios 22:7-9 El rico se enseñorea de los pobres, Y el que toma prestado es siervo del que presta. 8 El que sembrare iniquidad,

iniquidad segará, Y la vara de su insolencia se quebrará. 9 El ojo misericordioso será bendito, Porque dio de su pan al indigente.

 

La Deuda es una maldición.

La Escritura dice que la maldición es a causa de la atadura que representa el no poder

pagar la deuda porque los deudores se enseñorean de los endeudados.

(R60) Deuteronomio 15:6 6 Ya que Jehová tu Dios te habrá bendecido, como te ha dicho, prestarás entonces a muchas naciones,

mas tú no tomarás prestado; tendrás dominio sobre muchas naciones, pero sobre ti no tendrán dominio.

Dios promete bendecirte, de modo que muchas veces, cuando recurrimos a la deuda es por falta de fe.

Muchas deudas son la respuesta humana a un asunto que se debe resolver con fe.

(R60) Salmos 37:21-22 21 El impío toma prestado, y no paga; Mas el justo tiene misericordia, y da. 22 Porque los benditos de él

heredarán la tierra; Y los malditos de él serán destruidos.

EL PODER DE LA MISERICORDIA

Sin embargo, en este pasaje el Señor nos enseña el poder de la misericordia cuando ayudamos al que está necesitado.

“Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. (5:42)”

Debemos rendir ante Dios el derecho de las posesiones humanas. El deseo de poseer, es otra característica de la

naturaleza humana caída. No nos gusta renunciar, ni siquiera de modo temporal, a lo que “nos pertenece”. Pero, a

menudo olvidamos que nada nos pertenece realmente, y que somos sólo mayordomos de lo que le pertenece a Dios.

Como mayordomos, Dios nos da el derecho de disfrutar en parte de lo que nos entrega para que lo administremos, y

aunque eso, nos da el derecho de conservar y administrar lo que tenemos y de usarlo o disponer de ello como mejor

nos parezca, no deemos olvidar que no somos los dueños sino mayordomos, y Dios ama al dador alegre.

(R60) 1 Timoteo 6:17-19 17 A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las

cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. 18 Que hagan

bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; 19 atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que

echen mano de la vida eterna.

Por eso, debemos poner ese derecho en el altar de Cristo.

Cuando alguien nos pida algo, no debemos rehusárselo. Esto es, debemos ayudarle con lo que necesita, pero eso implica que la persona que pide tenga una verdadera necesidad.

No estamos obligados a responder a toda petición ridícula y egoísta que nos hagan. A veces dar a una persona lo que

quiere, pero que no lo necesita, es más un perjuicio y una pérdida, y le hacemos más mal que bien.

Jesús no está hablando de responder de mala gana a una súplica por ayuda, sino del deseo deliberado, generoso y

amoroso de ayudar a otros. Está hablando de esa generosidad que satisface de verdad las necesidades de otra persona,

y no de gestos simbólicos de hacer una buena acción para calmar nuestra propia conciencia.

(R60) Isaías 32:6-8 6 Porque el ruin hablará ruindades, y su corazón fabricará iniquidad, para cometer impiedad y para hablar

escarnio contra Jehová, dejando vacía el alma hambrienta, y quitando la bebida al sediento. 7 Las armas del tramposo son

malas; trama intrigas inicuas para enredar a los simples con palabras mentirosas, y para hablar en juicio contra el pobre. 8

Pero el generoso pensará generosidades, y por generosidades será exaltado.

Jesús está debilitando el egoísmo personal, que no debe estar en los corazones de los ciudadanos de Su Reino.

Jesús enseña en este pasaje, un espíritu que no todos los hombres poseen aparte de la gracia salvadora: La Generosidad.

(R60) Proverbios 11:25-28 25 El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado. 26 Al que acapara

el grano, el pueblo lo maldecirá; Pero bendición será sobre la cabeza del que lo vende. 27 El que procura el bien buscará favor;

Mas al que busca el mal, éste le vendrá. 28 El que confía en sus riquezas caerá; Mas los justos reverdecerán como ramas.

Generosidad es el espíritu que Abraham manifestó cuando entregó las mejores tierras a su sobrino Lot. Es el espíritu

de José cuando abrazó y besó a los hermanos que le habían hecho un daño tan terrible. Es el espíritu que llevó a

Eliseo a alimentar al ejército enemigo asirio. Es el espíritu que llevó a Esteban a orar por los que lo estaban matando

a pedradas. Es el espíritu de todo creyente que por el poder del Espíritu Santo trata de ser perfecto incluso como

nuestro Padre celestial es perfecto (v. 48)

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