LA MILLA QUE NO TE HUMILLA

(R60) Mateo 5:38-42 38 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes,

a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica,

déjale también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al que te pida, dale; y al que

quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

Hemos estado aprendiendo acerca de las tres áreas del carácter que necesitan ser transformadas por el Espíritu Santo.

Son las Áreas de la Ofensa Humana: La Mejilla, La Túnica y la Carga. En este estudio, trataremos con la tercera de ellas.

Los legionarios debían transportar este pesado equipo, pero, había una ley mediante la cual podían obligar a los

civiles que encontraban en su camino al trabajo forzado.

 

EL ÁREA DE LA CARGA (LA VOLUNTAD HUMANA)

“y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. (Mt. 5:41)”

La situación a la que se refiere el pasaje, es la de un caso llamado angareia. Angareia es una palabra griega pero del

ámbito militar romano que significaba “forzar a alguien a realizar un servicio”.

La escena representa a una persona que es obligada por el ejército romano a transportar material. Las legiones

romanas se desplazaban por el Imperio con una pesada indumentaria. Josefo describe así el equipo de un legionario

típico: El resto de la infantería usa venablos (jabalinas), escudo, una sierra, una cesta, una piqueta, un hacha, una correa

y un garfio, con provisiones para tres días, de suerte que hay poca diferencia entre ellos y un jumento (asno) cargado

(Guerra 3.5.5). Se estima que el peso del equipaje de un legionario era de 30 a 40 kilos, sin incluir armas.

 

La ley, diseñada para aliviar al soldado, no sólo causaba grandes molestias a los civiles, sino que era humillante, por el hecho de que a los oprimidos se les obligaba a cargar el

equipo y las armas de sus opresores. Era como llevarle las armas al enemigo que les estaba atacando.

Jesús decía que si alguien era obligado a llevar su carga durante una milla, debía responder, no con resistencia violenta o

resentimiento, sino con mansedumbre, llevando la carga por una milla más. Pero, ¿por qué llevar la carga del soldado

dos millas? ¿No es esto ayudar al enemigo? ¿No es esto duplicar la humillación o la vergüenza?

Seguro que no. Imagínese la sorpresa del soldado, cuando en la segunda milla, él se está preparando para retomar su

carga de equipaje y de repente el civil le dice:

“No, déjame cargar esto otra milla.”

¿Por qué haría tal cosa? ¿Qué se estaría tramando? ¿Será esto una provocación? ¿Un insulto? ¿Sería una trampa del civil para luego acusar al soldado?

Llevar la carga durante la primera milla, era por obligación, pero la segunda milla sería por voluntad propia.

La primera milla, es la carga del enemigo, la segunda, es tu propia carga. Eso es carácter de Reino. Desde una posición

de impotencia, ahora el ofendido tomó la iniciativa y recuperó el poder para decidir. El soldado no sabe qué hacer.

Nada en su entrenamiento lo había preparado para ese momento. Nunca había tratado con algo similar.

El caminar la segunda milla no era la forma de ganarse méritos para recibir bendiciones, sino la manera como el Señor

empodera a sus hijos para enfrentar y desenmascarar la injusticia, opresión y abusos de los sistemas del mundo.

Caminar la segunda milla, es decirle al sistema: Tú no eres dueño de mi voluntad, mi voluntad no es obligada por una

ley, mi voluntad es gobernada por el Señor, a quien le he rendido toda mi vida.

Caminar la segunda milla es demostrar que no son las circunstancias las que rigen tu destino, sino que tu propósito

está por encima de las circunstancias. Es decirle al enemigo Creiste que yo estaba obligado por tus órdenes, pero ahora yo

te demuestro que no eres tú quien me gobierna. Yo he decidido hacer voluntariamente lo que tú creíste obligarme a hacer.

Caminar la seguda milla es decirle al quien te humilla lo que para ti es una acción humillante hacia mi dignidad, para

mí es la manera de evidenciar que mi vida ha sido transformada por el poder de Dios.

Muchas veces Dios envía “legionarios” anuestro camino, que nos obligan a hacer cosas que no queremos.

La Biblia está llena de casos de creyentes que fueron obligados circunstancialmente, pero Dios estaba tratando con el área de la

voluntad como parte del carácter del ellos. Un carácter no transformado, es una vida sin trascendencia en el reino.

Jacob fue obligado por una circunstancia a huir de su casa, a causa de que su hermano Esaú lo quería matar.

Luego, su suegro Labán lo obliga a trabajar por 20 años, a cambio de entregarle a sus hijas y la paga de su trabajo.

José fue vendido y obligado a servir como esclavo en Egipto, Daniel fue obligado a servir en el palacio de

Nabucodonosor, pero todos ellos, aunque fueron “obligados una milla”, Dios trató con sus vidas en el área de la

Voluntad y luego terminaron ellos gobernando sobre sus circunstancias.

Todo Moisés tiene un Faraón. Todo David tiene un Goliat. Toda Ana tiene una Penina. Todo Jacob tiene un

Labán. Todo Elías tiene una Jezabel. Todo Nehemías tiene un Sanbalat. Todo Mardoqueo tiene un Amán. Todo

Abraham tiene un Abimelec. Todo creyente tiene un soldado que lo obliga a llevar la carga por una milla.

Jacob se convirtió en Israel, José en Gobernador de Egipto, Daniel en el jefe de los Sabios, y así, el resto.

Cada vez que un “soldado nos obliga”, lo que quizá no sabemos es que estamos siendo forzados a llevar una carga que

termina siendo de bendición para nuestras vidas. Muchos creyentes han recorrido millas de amargura, con una

actitud incorrecta, que en vez de servir a los propósitos del Reino, más bien terminan alejando a otros de Dios.

Muchas veces, ser obligados a llevar la carga una milla y acceder a llevarla voluntariamente otra milla más, nos da

la oporunidad de ser instrumentos de Dios y de alcanzar poderosas oportunidades de bendición en su propósito.

Marcos 15:21 Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase

la cruz.

La Biblia dice que los soldados obligaron a un hombre llamado Simón, de Cirene a llevar la cruz de Jesús.

Simón veníandel campo, sólo pasaba por allí. Él nada tenía que ver con Jesús. Ni siquiera era de Jerusalén, era africano, de Cirene.

Resulta interesante el significado de la palabra Cirene: “Supremacía del que reprime”. Al parecer, eso es lo que busca el

enemigo, hacernos sentir a través de las circunstancias que hay alguna supremacía en cada situación que nos reprime.

Pero la verdadera supremacía está en el Señor, sobre todo, cuando le rendimos a Él nuestras vidas y nuestra voluntad.

Ese día, Simón de Cirene, fue obligado a llevar la cruz.

En cualquier otra circunstancia eso hubiera sido muy humillante, que un hombre libre fuese obligado a llevar la cruz de un criminal condenado. Simón no sabía de qué se

trataba todo aquello, pero, cuando tomó aquella cruz ensangrentada y la cargó en sus hombros, fue el primero en

experimentar la poderosa sangre redentora de Jesucristo. Él seguramente llevó con gusto la carga por una milla más.

Simón decidió trascender a la humillación del soldado y llevar la cruz voluntariamente por más de una milla. Nunca

sabemos si a nosotros mismos nos puede suceder lo mismo que le sucedió a Simón, que cuando decidió llevar la

carga por una milla más, llevaba la cruz que más tarde traería bendición a su vida y salvación a su propia casa.

Romanos 16:13 Saludad a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre y mía.

Más tarde, el Apóstol Pablo, envía en una carta saludos a Rufo, el cual presumiblemente era el hijo de Simón de

Cirene.

Nosotros no tenemos la más mínima idea de lo que el Señor puede hacer cuando accedemos a someter

nuestra voluntad a la Suya. Esto no se trata de obedecer a la humillación del enemigo, sino de someter nuestra

voluntad a Dios y asumirla con mansedumbre en cada situación, porque al final, está garantizada nuestra bendición.

La actitud de Simón, cambió su vida. Él fue redimido por la sangre del cordero, y por ello, su casa también fue

bendecida. Cuando el área de nuestra voluntad es rendida ante el Señor, él convierte las humillaciones aparentes, en

poderosas oportunidades para bendecir nuestras vidas de una manera sin igual.

Hebreos 13:20-21 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la

sangre del pacto eterno, 21 os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es

agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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