VENCIENDO LAS TORMENTAS

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  • 26 septiembre, 2018

Marcos 4:35-41 35 Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. 36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron
como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. 37 Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas
en la barca, de tal manera que ya se anegaba. 38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron:
Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? 39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento,
y se hizo grande bonanza. 40 Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41 Entonces temieron con gran
temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?

Jesús estaba extenuado porque estuvo todo el día enseñando desde la barca, pero les dijo: Pasemos al otro lado.

Hay varios tipos de cansancios, pero quizá lo que más agota y desgasta a una persona, es el permanecer pasivo,
estacionado y sin cambios. Jesús nunca permaneció estático, porque el Reino de Dios es dinámico, de avance.

El ministerio debe ser dinámico y de cambios constantes y poderosos.

El cansancio físico de Jesús no fue su excusa
para quedarse estacionado en la orilla. Por eso, decidió reposar mientras avanzaba hacia la otra orilla, porque el
avance en el Reino debe traer reposo y no cansancio.

Jesús les dio una palabra cuando llegó la noche.

Dios nunca dejará que te tome por sorpresa la noche, sin haberte dado
antes un desafío para alcanzar un nuevo día. Cuando llegó la noche, es porque ya el próximo día estaba resuelto.

Puedes estar pasando un momento de oscuridad, de valle de sombra de muerte, pero para Dios, ya estás caminando
en tu mañana. No te dejes detener en los momentos de oscuridad. Sigue avanzando, porque la salida ya está dada.

Jesús les dio una palabra clara: Pasemos a la otra orilla. Era una palabra que les señalaba un destino y un propósito.

Las decisiones almáticas nos van a llevar a resultados impredecibles, pero los planes de Dios son firmes y nos llevan
a un destino seguro. Por eso, debemos entender que el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus
caminos, y por tal razón, es mejor creer en lo que Dios ya vio, que en lo que nosotros podemos estar viendo ahora.

Al otro lado estaba la región de Gadara, donde había una multitud que nunca habían conocido a Jesús, esperando
libertad. Era necesario llegar al otro lado. Dios te quiere llevar a lugares a donde nadie ha ido a hacer algo inesperado.
Los desafíos divinos no son para hacer lo que ya otros hicieron sino para hacer lo que nadie ha hecho.

Usted nunca podrá ser funcional si está estacionado. Necesitamos entrar en la dinámica del mover de Dios. Él
siempre quiere que usted vaya más allá.

Para Dios no es tan importante el método, como el que alcances los resultados. Lo determinante no era cómo iban a
llegar, sino, alcanzar la otra orilla. Ir a la otra orilla implica varias cosas:

SEPARACIÓN: (Despedir a la multitud), esto es, separarse de aquellas personas que piensan ordinariamente, con
mentalidad común, que piensan como el montón, como la mayoría.

La gente de éxito siempre piensa diferente a la gente común. La mediocridad surge de aceptar como norma de
pensamiento lo que cree el promedio de la gente.

Por eso, Jesús no fue a la otra orilla con la multitud. Sino que separó a sus discípulos de la opinión intoxicante de
la gente común. No puedes ser extraordinario si te mueves como ordinario.

DECISIÓN: (Le tomaron como estaba). Cuando Dios te da una palabra, debes tomar decisiones inmediatas.

Los desafíos humanos requieren de mucha preparación y destreza, pero los desafíos divinos sólo necesitan dos
cosas: Fe y Obediencia. Usted no necesita preparación para obedecer, sólo necesita decisión.

Ningún hombre estará lo suficientemente preparado en lo natural, como para asumir los grandes retos de Dios,
porque estos desafíos son Divinos, no humanos. Pero eso es una buena noticia, porque Dios no opera desde tu
habilidad sino desde tu fe. Por esa razón, Dios sabe que tú lo lograrás, porque aunque tú no puedes hacerlo, Dios
sabe que puedes creerlo, y si lo crees, él lo hará.

INVERSIÓN: (En la barca). Alguien puso su barca al servicio del maestro. Esa barca representaba el medio de
sustento del dueño. Invertir en el Reino es más rentable y productivo que servirle a este mundo.

Dios opera con la gente que tiene mentalidad de pacto. En el Reino de Dios la ganancia no está al principio sino
al final. Provisión divina es el adelanto de lo que necesitas, pero recompensa divina es el resultado de obedecer.

Dios nunca hizo nada en personas que no invirtieron: Por ejemplo, El joven rico vs. Zaqueo. El Joven rico nunca
invirtió nada en el reino, pero Zaqueo fue justo y Jesús le dijo “Hoy ha llegado la salvación a esta casa porque este
también es hijo de Abraham”, y activó sobre él la promesa abrámica de prosperidad y bendición.

ASOCIACIÓN: (Había otras barcas) pero Jesús tomó la de Pedro.

Asóciate con gente que hable el lenguaje de fe, que sean sembradores, que sean diezmadores, que tengan
mentalidad de reino y que acepten desafíos divinos.

Nunca te unas en yugos desiguales, porque al final, terminarás asfixiado.

Dios levanta tormentas alrededor de la gente que tiene propósito con el fin de evidenciar y manifestar su Gloria.

En medio de la tormenta sólo la palabra de Dios es suficiente para alcanzar la otra orilla. Una Palabra te sostiene, te
mantiene enfocado. La Palabra nos sintoniza con el cielo, con el propósito divino y nos mantiene centrados en Él.

El mar de Galilea está a poco más de doscientos metros bajo el nivel del mar y se encuentra rodeado de montañas.

Los vientos soplan con bastante intensidad en las regiones cercanas al mar y provocan violentas e inesperadas
tormentas. Pero las tormentas inesperadas son oportunidades gloriosas de victorias inesperadas.

Satanás pretende atacar varias cosas en tu vida:

  • Quería ahogar a Jesús. Es el ataque interno, contra tu fe, contra lo que has creído. Satán siempre va a querer
    ahogar la Palabra de Dios en nosotros (Conque Dios os ha dicho…)
  • Quería ahogar a los discípulos: Es el ataque alrededor, los obstáculos en tu entorno. Satán siempre querrá destruir
    tu vida para que no logres el propósito de Dios. Por eso, tratará de provocar fracasos en tu mundo circundante:
    hogar, trabajo, etc.
  • Quería destruir la barca. Es el ataque contra tus pertenencias, contra lo que Dios te ha provisto. Tratará de
    destruir los bienes que has puesto al servicio de Dios. Pero si tus bienes están sirviendo al Reino, no se perderán.

Dios aprovechó la tormenta para:

Matar la experiencia humana: Usted nunca saldrá victorioso con su sabiduría de hombre sino por el poder de
Dios. Las tormentas de tu vida matan tu experiencia, pero exaltan la revelación divina.

Que los discípulos se dieran cuenta en qué nivel de madurez estaban: Las pruebas revelan tu nivel de fe y
evidencian en dónde estás parado. Si no hay prueba, usted nunca sabrá lo que le falte por recorrer.

Desarrollar la fe de los discípulos: Las tormentas no producen fe, pero nos llevan a aferrarnos a la Palabra y es
por la Palabra que se genera fe en nosotros.

Glorificarse: El final de toda tormenta es que Dios siempre se glorifica. En la tormenta aprendemos a generar
confianza en él. En la tormenta fue cuando Jesús hizo cesar los vientos y les dijo: Calla. Necesitamos hacer cesar las
voces que nos desvían y dejar que Él se glorifique.

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